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Caravana de exiliados

Las detenciones, juicios y asesinatos continuaron durante bastante tiempo. También los expolios, robos y destrozos sobre los bienes de las víctimas. Muchas familias quedaron en la indigencia. Centenares de viudas, sin el estatus legal de viudedad, puesto que sus maridos habían desaparecido; centenares de huérfanos, muchos de los cuales fueron ingresados en Hospicios y otras instituciones; familiares que no podían llevar luto, ni llorar a sus muertos...

La situación fue especialmente dura en los pueblos, donde estas mujeres sin recursos quedaron a merced de los vencedores, quienes decidían darles trabajo o no. La mayoría de ellas, sin oficio, sin pensiones ni ayudas, sobrevivieron a duras penas lavando ropa en los ríos, espigando los campos y haciendo dobles jornadas cuando se lo permitían.

Sus hijos pasaron hambre y calamidades, y a menudo no pudieron asistir a la escuela: no sólo destrozaron su vida, sino que también les robaron el futuro. Niños huérfanos de padre y a veces también de madre; o con ésta encarcelada; recluidos en instituciones alejadas de su pueblo; o trabajando durante toda su niñez, estigmatizados y discriminados por ser hijos de rojos:

Una generación entera maltratada, sometida y humillada, que ahora comienza a hablar.