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Categoría: La Represión
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EL ADVENIMIENTO DE LA REPÚBLICA

 

            La Republica llega a Valladolid y provincia con la misma normalidad que en el resto de España. Conocidos los resultados en Valladolid capital: 16 republicanos, 11 liberales, 10 socialistas, 3 conservadores, 3 centristas y 1 de derecha regional; además de las noticias de Madrid y otros lugares de España de resultados igualmente muy elevados para las candidaturas republicanas, una numerosa multitud recorre las calles y empiezan a verse ondear las banderas republicanas. El primer lugar donde se iza la bandera republicana  será en una de las ventanas del edifico de Correos de la capital, y después se ira colgando de otros edificios públicos. Desde el balcón del ayuntamiento de la capital, el histórico republicano Eustaquio Sanz T. Pasalodos proclamará la republica (Berzal de la Rosa, E. “El Valladolid Republicano” Ateneo Republicano, 2006, pp. 11-14).

            Tanto en la capital como en la mayoría de los pueblos los alcaldes se fueron poniendo en contacto con el gobernador civil, tras hacerse eco de las noticias escuchadas en la radio sobre la proclamación de la republica en Madrid. Confirmando el Gobernador Civil que eran ciertas: “y que ante la forma normal con que en Madrid se sucedían los acontecimientos, quedaba autorizado (el alcalde) a proceder como estimase conveniente. Que a su juicio y siguiendo el ejemplo de Madrid procedía acordar el acoger con júbilo el nuevo régimen y proclamar la República en esta ciudad (Valladolid)”. (Actas de sesiones de plenos municipales de 1931. Ayuntamiento de Medina de Rioseco. Archivo Municipal).

            Esa normalidad, cuando no exultante entusiasmo en la población, por la caída del régimen monárquico y proclamación de la republica, que es aceptado por la gran  mayoría, se había agotado sin dar satisfacción ni a los suyos ni a sus detractores.

            La nueva etapa monárquica nacida con la Restauración de 1875 supuso la implantación de un régimen con formas democráticas. Para Francisco Romero (“España 1914-1918. Entre la guerra y la revolución”, Madrid, 2002, Pág 1) “…la solución que aportó la Restauración estaba lejos de ser democrática. Toda la parafernalia constitucional sirvió en realidad para disimular el monopolio de poder que disfrutaba una elite gobernante……La democracia liberal en España, como en la mayoría de los países europeos, fue una farsa y una manera de disfrazar la supremacía de estos grupos privilegiados dentro de la sociedad.”.

            De positivo la Restauración tuvo el conseguir una paz más duradera para el país, que había vivido continuos episodios muy turbulentos a lo largo de todo el siglo XIX. Se instauro la llamada alternancia del turno pacifico. El sistema funcionó sin grandes contratiempos durante dos décadas, pero la perdida de las últimas colonias, el avance de una nueva burguesía ligada a la industria y el comercio, asentada sobre todo en la zona norte de la península, País Vasco y Cataluña. La incipiente industrialización que produce el nacimiento de unas masas proletarias concienciadas ideológicamente y organizadas en sindicatos, pues será precisamente en este último tercio cuando se desarrollen sensibilidades que con el tiempo darán lugar al nacimiento de organizaciones como el PSOE (1879), la UGT (1888) y la CNT (1911), irán rompiendo esos equilibrios iniciales del sistema. “El sistema de la restauración esta amordazado y encadenado por los caciques, piedra angular de toda la estructura política…….gobernaban en sus zonas como si estas fueran sus feudos personales, y tenían poderes ilimitados para resolver los asuntos locales, elegir jueces, nombrar funcionarios, realizar obras públicas e incluso recaudar impuestos según su propia voluntad” (Romero, Pág.,2).

            Un momento crucial para el sistema de la restauración será la llamada crisis del 17. Para muchos historiadores y analistas se dieron las condiciones para que desde el propio sistema, sin rupturas constitucionales, se hubieran dado los pasos necesarios para romper la preeminencia caciquil, y se cristalizara un avance en los usos verdaderamente democráticos, una incorporación de la nueva burguesía económica e intelectual en las estructuras de poder, y un avance significativo en las demandas sociales de una población trabajadora, rural y urbana, rayana en la indigencia y sin ningún derecho social. Este fracaso, esta cerrazón de las clases caciquiles, sobre todo las unidas a la tierra, mayoritarias en Castilla, Extremadura o Andalucía, es considerada por un amplio sector de historiadores no solo como una oportunidad crucial perdida, sino que además sus consecuencias influirán de manera trascendente en la descomposición del sistema monárquico, en el posterior fracaso republicano, en la gestión del golpe de estado, en el fracaso del golpe de estado y en el desencadenamiento de la guerra civil.

             Para el político Antonio Maura Montaner, ministro y jefe de gobiernos monárquicos, además de jefe del partido Conservador, fue la oportunidad perdida de hacer “La revolución desde arriba”. (Rafael Borrás Betriu “El Rey Perjuro”, Barcelona 2007, Pág. 127) “….Antonio Maura representaba, con todas las limitaciones del sistema, la derecha de los ideales frente a la de los intereses, un intento de regeneración por parte de lo que hoy llamaríamos la derecha civilizada” (Borrás, Pág. 102).

            La primera guerra mundial en la que España mantiene su neutralidad, significará una singular oportunidad de negocio para las “empresas industriales y financieras, pero también exacerbó las diferencias regionales, sociales y económicas dentro del país. Para la mayoría de las personas este fue un periodo de crisis caracterizado por la escasez de alimentos, la caída de los salarios reales y una grave miseria material” (Romero, Pág. 28). Desde 1915 van convergiendo y de alguna manera uniéndose para lograr sus intereses un sector importante del ejército, la burguesía emergente y los trabajadores. En 1917, en dos momentos claves, junio y agosto alcanza, con graves disturbios incluidos, su momento de máxima excitación la protesta, que será resuelta por el gobierno sin avances, sin reformas, a favor de los viejos intereses caciquiles; pero que en modo alguno significó una estabilización del sistema sino el principio de su hundimiento, pues tras continuos vaivenes el Rey acabará traicionando el propio sistema constitucional, apoyando, cuando no para muchos protagonizando el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923. Y tras siete años de dictadura y después de haber perdido incluso el apoyo de la mayor parte de los monárquicos, con el sistema agotado, serán los propios monárquicos quienes animen la llegada de la Republica.

            Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura, José Sánchez Guerra y Ángel Osorio y Gallardo, ex ministros de la Monarquía serán hombres claves para echar el cierre a la monarquía y abanderar la “transición” pacífica a la republica. En 1930 fundaran el partido “Derecha Liberal Republicana”, y tendrán la iniciativa para convocar a representantes de los viejos partidos republicanos y de los nuevos, además de otros partidos como el PSOE. Será el 17 de agosto cuando se firme el pacto de San Sebastián con figuras esenciales en la vida posterior republicana como Manuel Azaña, Santiago Casares, Marcelino Domingo, Indalecio Prieto etc.

            El comité revolucionario nacido del pacto de San Sebastián entrará en contacto con el estamento militar, entre ellos el general Gonzalo Queipo de Llano, al que nombró jefe del Comité militar (Borrás, Pág 195), o los capitanes Galán y García Hernández, que el día 12 de diciembre protagonizan un levantamiento militar en Jaca, que es dominado por las fuerzas gubernamentales, terminando con la ejecución de ambos capitanes, tras juicio sumario dos días después de la intentona.  Estas muertes sirvieron para ahondar aún más en el descrédito que la monarquía tenía entre la población.

            El 15 de diciembre el Comité Revolucionario, el día en que estaba en realidad prevista la ansiada sublevación, con las formas de la tradición decimonónica, lanza su manifiesto revolucionario. En el aeródromo de Cuatrovientos, Queipo de Llano, Ramón Franco e Ignacio Hidalgo encabezaron un movimiento que había de ser secundado por una huelga general, que no se produjo como estaba prevista, por las disensiones internas en el partido socialista. Huyeron los tres militares en avión hacia Lisboa (Borrás, pp. 202, 203) .

            Desde esta fecha, nuevas adhesiones se suman, abogando por un cambio radical de los usos y costumbres en la política como la movilización intelectual de febrero de 1931, que es fundada la Agrupación al Servicio de la Republica, cuyo manifiesto se publicará en el diario el Sol. En la agrupación se encuentran intelectuales como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Antonio Machado, Manuel Azaña o Ramón Pérez de Ayala.                    

            A nadie le cabe ya duda que cuando son convocadas las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, en ellas se dirime algo más que unos concejales, y que realmente están todos convocados para un plebiscito que determinará si los sentimientos mayoritarios en la población se encuentran a favor o en contra de la monarquía.