INFORME ANTROPOLOGICO Y FORENSE FOSA DEL CEMENTERIO DE BAQUERIN DE CAMPOS 

INFORME DE EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA PARA LA RECUPERACIÓN DE LOS RESTOS DE SIETE HOMBRES DE CASTROMONTE (VALLADOLID). ASESINADOS POR FUERZAS SUBLEVADAS EN SEPTIEMBRE DE 1936.
Arqueólogo: Julio del Olmo
 Se le vio caminando entre fusiles
 por una calle larga,
 salir al campo frío,
 aún con estrellas de la madrugada
 Mataron a Federico
 Cuando la luz asomaba.
 El pelotón de verdugos
 no osó mirarle a la cara
   Antonio Machado (Foto 39)

Foto - 39

INTRODUCCIÓN

Los cuerpos de estos siete hombres asesinados en el término municipal de Baquerin de Campos en la provincia de Palencia, fueron enterrados en el cementerio católico de la localidad (Foto 38).

Foto - 38

Los testimonios de familiares y personas del pueblo les sitúan en la esquina que forman la pared meridional y este del cementerio (Foto 1).

Foto - 1

Los familiares a los pocos días de su desaparición tuvieron noticia del lugar donde fueron asesinados y enterrados. En los años inmediatos fueron varias las veces que visitaron el cementerio. Dos de los familiares presentes en los trabajos de exhumación nos informan que estuvieron en el cementerio, uno en 1979 y otro a principios de los años 80. En ambos casos hablaron con el enterrador y personas del pueblo, que les aseguraron que los cuerpos nunca habían sido tocados, porque no se había vuelto a enterrar a personas en esa esquina. Los cuerpos según la información recogida fueron enterrados con las cabezas o pies junto a la pared este y el resto del cuerpo paralelo a la pared sur, siguiendo la disposición del resto de enterramientos, que comprobamos en todas las tumbas tienen la cabecera en el oriente. A unos tres metros y medio de separación de esta cabecera oriental encontramos otra nueva alineación de tumbas, y así sucesivamente hasta completar un cementerio no muy grande, en consonancia con un pueblo hoy prácticamente abandonado, pero que en sus días de mayor florecimiento no debió superar los mil habitantes.
Hoy el cementerio se encuentra abandonado, con un camino de acceso irreconocible por la maleza que lo cubre, tapias que se derrumban, nichos en la pared que muestran ataúdes y osamentas. Sólo dos panteones con enterramientos del último decenio se encuentran cuidados.
En visita previa a los trabajos de exhumación, se ve una cruz de hierro fundido antigua y reaprovechada para el enterramiento de un varón en 1992. Esta cruz se sitúa como las demás en el muro Este pero a sólo dos metros de la esquina Sur. Se pregunta a las personas mayores del pueblo, y según un hombre de 80 años que nos visitaba durante los días de excavación, aseguraba que el hombre de 1992 fue enterrado encima de los asesinados; otras personas mayores del pueblo decían que creían que no. Los familiares de los asesinados que estuvieron a finales de los 70 y principios de los 80, opinan que por la información del enterrador de aquella época se encuentra este enterramiento de 1992 sobre la tumba de 1936. El día 15 de julio cuando iniciamos los trabajos de vaciado de la fosa vemos que con nuestras palas retiramos “mas huesos que tierra” (Foto 2).

Foto - 2


La puerta de acceso al cementerio situada en la pared Sur, a unos seis metros de la esquina S-E se encuentra a una cota de unos sesenta centímetros más baja, por lo que intuimos que  como era habitual ante la prohibición de sacar tierra del cementerio al exterior, nos encontramos con una la lógica acumulación de osario. Realizamos nuevas preguntas a los pocos vecinos del lugar, y otra vez recibimos informaciones contradictorias, mientras unos testimonios aseguran que se echo tierra con huesos encima de la tumba, otras informaciones que además corrobora el sacerdote, presente uno de los días de excavación, indican que en fecha que no se ha podido precisar, se había hecho una “monda” importante, tanto en los nichos de la pared como en las fosas, y que los huesos fueron sepultados en la esquina donde estaban los inhumados de Castromonte, desconociendo si fueron afectados o no.

 

PROCESO DE EXCAVACIÓN
Los trabajos de exhumación se inician en la mañana del 15 de julio de 2007 y se prolongara durante los días 17, 18, 26 y 27 de julio. Presentes el día 15 en el cementerio una decena de hijos, nietos y otros familiares de los asesinados y siete miembros de miembros de la ARMH Valladolid dirigidos por el arqueólogo de la asociación.
En la mañana del día 15 se marca un cuadro de 3,20 de largo en la orientación E-W por 2,20 metros en la orientación N-S. Estas medidas nos vienen determinadas en los lados Sur y Este por las paredes del cementerio.  El lado Norte por la cruz que marca el enterramiento de 1992. Esta cruz en realidad se encuentra a 1,90 metros de la pared Sur, pero decidimos sobrepasarla 30 centímetros con el fin de alcanzar el féretro e intentar determinar si afectó a nuestro enterramiento de 1936. El lado Oeste  viene delimitado por un panteón construido en 2001, y que por la distancia a la pared Este resulta muy improbable que pudiera afectar a nuestro enterramiento.
Como uso metodológico se procede al vaciado de la fosa en capas regulares de unos veinte centímetros de espesor hasta alcanzar el nivel de enterramiento. Como enunciábamos más arriba, la cantidad de huesos que nos vamos encontrando es sumamente cuantiosa. Por otra parte constatamos que la mayor parte de los huesos que extraemos se corresponde con huesos largos de los miembros, además de cráneos y huesos de caderas; apenas aparecen huesos de vértebras, costillas…. y muchos menos huesos de pies o manos. Nos llama asimismo la atención lo fragmentados que aparecen húmeros o fémures que son huesos de naturaleza muy resistente, cráneos apenas encontramos alguno más o menos completo. En ocasiones vemos también algún montón de estos huesos en una posición bastante vertical, evidenciando que se trata de reducciones de uno a veces dos individuos, echados sobre reducciones anteriores tras abrir un hoyo adecuado (Foto 4).


Foto - 4


Esta ingente cantidad de huesos nos obliga a una labor muy lenta en la extracción de las sucesivas capas, porque en cualquier momento podríamos estar afectando a nuestro enterramiento y causar un daño irremediable, máxime cuando no sabemos si fueron enterrados amontonados como les encontramos en Guaza de Campos, o alineados como en el caso de los Riosecanos en la cercana población de Ampudia.
No será hasta el tercer día de excavación cuando lleguemos al cuerpo nº “1”, y  a la postre único recuperado completo o casi completo (Foto 5).


Foto - 5


Este cuerpo lo encontramos con el cráneo pegado a la tapia Este y el resto del cuerpo dispuesto a lo largo de la pared Sur, totalmente apoyado en la misma. Nos sorprende que se encuentre el cráneo a sólo un metro de la superficie en la que iniciamos la excavación, teniendo en cuenta que es una zona de vertido de restos de otras tumbas en tiempos posteriores a 1936. Máxime además cuando comprobamos, que el cuerpo en relación a la cota de altura de la puerta de entrada al cementerio, estaría sólo enterrado a unos cuarenta centímetros de profundidad.
Nuestra primera hipótesis, dada la cercanía de este cuerpo a la superficie, es que fueron enterrados unos encima de otros como en el caso de Guaza, además al igual que en Guaza encontramos abundantes restos de cal cubriendo los restos. El desarrollo de la excavación nos demostraría que no fueron enterrados amontonados y, que además sólo tendríamos la seguridad de reconocer como integrantes de los siete de Castromonte este cuerpo y otros dos cráneos incompletos. Del resto de sus osamentas no pudimos atestiguar con suficiente certeza, que las reducciones óseas que nos encontrábamos pudieran ser suyas.
En la pared Este, con la misma cota de profundidad encontramos un cráneo incompleto separado 50 centímetros del nº 1 (al que designamos el número 2), y más hacia el norte y separado 65 centímetros un tercer cráneo (asignado con el nº 3). En las fotografías marcamos un cuarto cráneo (número 4), que posteriormente acreditamos que no tiene relación con nuestro enterramiento. Estos  dos cráneos no tienen continuidad o relación con otras partes de su osamenta.
Los tres cráneos se apoyan en el féretro de una inhumación pretérita correspondiente a un enterramiento infantil, que fue depositado en paralelo y pegado a la pared Este, con los pies situados y próximos a la pared Sur.
Lo siguiente que constatamos en el proceso de excavación es que junto al lado derecho del cuerpo “1” y apenas unos 5 centímetros por debajo de su nivel aparece la pared de madera de un féretro (Foto 11).


Foto - 11


La cabecera de este féretro se encuentra a 75 centímetros de la pared Este y por tanto por delante del féretro infantil, con unos 30 centímetros de separación. El cuerpo en el interior del féretro, perteneciente a un varón de edad muy avanzada, se encuentra 15 centímetros por debajo de la cota de nº “1”. Interpretamos en ese momento que este enterramiento fue posterior a los de los asesinados, y que su inhumación por tanto les afectó. Esta interpretación la rectificaríamos en el proceso de excavación cuando al retirar toda la tierra del cuerpo nº “1” comprobemos que su mano izquierda y parte de la cadera descansa sobre el ataúd (Fotos 29 y 30).


Foto - 29


Foto - 30


Asimismo vemos que cuando fue enterrado este féretro afectó a un enterramiento anterior, dejando los enterradores parte los huesos removidos en la parte inferior izquierda de la caja. Apreciamos en las fotos 8 y 20, como esta reducción tiende a la verticalidad de los huesos, sobresaliendo incluso por encima del nivel del cuerpo nº 1, además se aprecia que se encuentra en un punto medio entre ataúd y pies de nº “1”, lo que en principio también nos hizo pensar en que esta reducción podría pertenecer a uno de los hombres de Castromonte removidos por el enterramiento en ataúd, pero al completar la limpieza de los pies del cuerpo nº “1” advertimos que estos huesos largos están parcialmente por debajo de los pies, lo que nos induce a plantearnos que no nos encontramos con restos de uno de nuestros hombres, y nos aporta un dato más que nos hace presumir en la anterioridad al 36 de este enterramiento del ataúd.
 
Foto - 8
 
Foto - 20
A continuación encontramos un nuevo féretro y, nuevamente en su interior una persona de edad muy avanzada (Foto 5).
 
Foto - 5
Este féretro tiene la cabecera separada de la pared Este 105 centímetros. Infiere todo el lado izquierdo de este nuevo féretro unos 20 centímetros a lo largo del lado derecho del ataúd anterior. Por otra parte se encuentra en una cota de unos 10 - 15 centímetros más bajo que el otro enterrado. Por tanto es fácilmente deducible que se trata de un enterramiento posterior. Más difícil es determinar si esta inhumación fue anterior o posterior a los desaparecidos del 36. Es cierto que vemos acumulaciones de huesos a los lados de la caja mortuoria, lo que nos indica que fueron movidos otros cuerpos primeramente enterrados. En este punto es importante apuntar que el enterramiento infantil supuso la alteración de los cráneos de dos cuerpos que se encontraban con la cabeza pegada a la pared Este, y el resto del cuerpo a lo largo de la pared sur; uno de los cráneos pegado a la misma y otro a su lado. Ambos fueron enterrados sin caja, pertenecían a varones de edad avanzada. Parte de sus columnas vertebrales las pudimos seguir sin alteraciones, una por debajo del cuerpo nº “1”, y la otra, apenas media docena de vértebras, llegaban hasta el féretro del adulto hallado en primer lugar (Foto 9).

Foto - 9

En relación al segundo féretro hallado, retiramos la tierra que cubría las piernas del difunto, que se encontraban con la suficiente separación para extraer la tierra que había por debajo y comprobar si podía haber otros restos humanos antes enterrados; constatando que por debajo lo que descubríamos era el suelo virgen. Ante la seguridad de no tener cuerpos en un nivel inferior al de los féretros, se hacia innecesario exhumar los cuerpos de los ataúdes, a la vez nos asegurábamos que los cuerpos de los hombres de Castromonte no se hallaban en ese lugar.
El siguiente paso fue llegar hasta la inhumación de 1992, situada en el lado septentrional de la cata de excavación. Como reflejábamos líneas más arriba, al abrir la cata decidimos sobrepasar en 30 centímetros la cruz que indicaba el enterramiento, imaginando que esta se encontraría centrada en relación a la cabecera del ataúd; pero lo cierto es que topamos con el ataúd justamente en el limite de nuestra fosa. Este enterramiento se hallaba a una profundidad de 1,40 metros, por tanto unos centímetros por debajo del nivel de enterramientos hasta el momento constatados. Como es norma en el cementerio la cabecera del ataúd se encuentra al Este y próxima a la tapia. No descubrimos la totalidad de la caja en el plano horizontal, lo que habría supuesto ampliar el límite septentrional de nuestra cata, sino que limpiamos el perfil lo suficiente para comprobar que sobre todo a los pies hay una importante acumulación de huesos, así como en toda la tierra que lo cubre por encima. Nos preguntamos si el enterramiento de 1992 se hizo sobre el de 1936, pero no tenemos respuesta a través de las evidencias comprobadas. Una fosa cercana a los 3 metros de anchura no es excesiva, si tenemos en cuenta como todo parece indicar que no fueron enterrados amontonados, unido a que los cráneos hallados están separados unos 60 centímetros entre sí. Y que como en el caso de Ampudia, aunque alguno pudiera haber sido enterrado cambiado de orientación y colocado entre las piernas de otros; reiteramos, 3 metros de anchura no es una proporción excesiva, por lo que nos parece muy probable que también esta nueva inhumación de 1992 haya alterado nuestro enterramiento. Hay que añadir igualmente otra dificultad, que fue la apertura una o varias veces de ese amplio espacio, para ser utilizado como osario y enterramiento antes y después de 1936, lo que nos ha imposibilitado percibir con cierta seguridad en los perfiles Este y Oeste de la cata, huellas que nos hubieran permitido  reconocer los límites de la fosa de 1936.

HIPÓTESIS DE LA SECUENCIA DE ENTERRAMIENTOS EN LA CATA ABIERTA
Nunca hay que descartar que en la secuencia que presentamos de la sucesión de inhumaciones en esta esquina S-W del cementerio pueda haber algún error de interpretación, de lo que no tenemos duda alguna es de que los restos de los seis cuerpos que no hemos podido recoger se encuentran seguramente entre todos los que hemos removido, pero atribuir como “de los nuestros” ciertas acumulaciones de huesos, alrededor, encima, a los lados, o en mayor abundancia en un sector de la cata…. hubiera sido muy arriesgado, máxime cuando ni siquiera hemos encontrado reducciones más o menos completas. Que quiero decir, como ejemplo en Lomas un enterramiento de 1948 sobre la tumba de los tres asesinados en 1936 altero completamente los cuerpos, pero encontramos sus osamentas completas, y por supuesto sin restos de otros cuerpos mezclados. Lo llamativo de nuestro enterramiento de Baquerin, es que el número de vértebras localizadas ha sido testimonial, sin mentar huesos más fácilmente rompibles como las costillas, o de mayor dificultad, en principio de percibir, como huesos de manos o pies. Tampoco hemos encontrado un agrupamiento de huesos de varios cuerpos, o huellas como disparos en la cabeza que nos pudieran ofrecer ciertas garantías de reconocer a los que buscábamos.
La secuencia temporal y espacial que interpretamos sería en primer lugar, que en el espacio de la cata abierta encontramos dos cuerpos depositados en el suelo virgen de la fosa, enterrados sin cajas, prácticamente uno al lado del otro, a lo largo de la pared sur, y con cráneos en la pared oriental. Un enterramiento posterior será el de una niña de unos dos-tres años de edad, enterrada en caja de madera a lo largo de la pared oriental y con los pies en la esquina con la pared meridional. Este enterramiento ocasiono la alteración de cráneos y partes del torso y brazos de los dos cuerpos precedentes. Los huesos alterados quedan a lo largo de la pared occidental del ataúd. La caja de este enterramiento infantil descansa sobre el suelo de fosa (Foto 3 y 9).

Foto - 3

Foto - 9

A continuación se produce el enterramiento en caja que vemos más próximo a la pared Sur. Se separa 75 centímetros  de la tapia oriental, cuando la norma es que las cabeceras estén muy cerca de esa pared, precisamente lo hicieron así para no inferir en el enterramiento infantil. Este enterramiento separado de la pared sur unos 50 centímetros afectará a uno de los cuerpos enterrados previamente sin caja, precisamente al que se encontraba más alejado de la pared meridional. Los huesos largos del cuerpo removido los hallaremos junto a la caja, cerca de los pies, en su lado meridional, en una posición bastante vertical (Foto 9 o 28).

Foto - 28

Mayor dificultad encontramos para determinar cuando fue inhumado el tercer ataúd. Parece evidente que el enterrador no quiso por una parte dañar el enterramiento infantil, razón por la que se separó un metro de la cabecera oriental de los enterramientos, y que por otra tampoco quiso afectar, al menos en principio, al enterramiento en caja del otro adulto, por lo que se vuelve a separar un metro, ahora de la pared Sur. La hipótesis más probable, por razones de posible cercanía temporal de los tres enterramientos y por los testimonios recogidos, es que los tres enterramientos fueran anteriores a los de los hombres de Castromonte. Este tercer enterramiento en caja que infiere al lo largo de la pared norte del otro féretro unos 20 centímetros removió parcialmente ese cuerpo.
Llegamos al momento en que son inhumados los siete hombres de Castromonte. Se abre un gran hueco, que en la pared oriental pudo alcanzar hasta el espacio que hoy ocupa el enterramiento de 1992, en definitiva unos 3 metros de ancho. El largo intuimos que poco más de la estatura de una persona. Sabemos que al menos tres cuerpos tienen los cráneos pegados a la pared oriental, el “1” separado del “2” 50 centímetros, y el “2” del “3” 60 centímetros (Foto 5), desconocemos sí todos tuvieron esta posición, o alguno para aprovechar mejor el hueco de la tumba fue enterrado en sentido inverso. Lo que no parece probable dada la corta distancia de estos restos de la superficie es que alguno estuviera encima de otro. Mientras el cráneo del nº “1” se encuentra a 1,15 metros de la superficie actual, los pies lo están unos 15 centímetros más abajo. La razón es que el cráneo apoya sobre la caja infantil, mientras el resto del cuerpo lo esta a la altura de los féretros que se localizan unos centímetros por debajo de este ataúd infantil, quedando el cuerpo de nº “1” justamente por encima del nivel del primer féretro de adulto enterrado. Detalle que nos sirve también para argumentar nuestra interpretación de que al menos esta inhumación se produjo antes que la de los asesinados. Además y para reforzar el anterior argumento, el cuerpo nº “1” que descansa sobre el hombre enterrado sin caja, por debajo del nivel del féretro, y también pegado a la pared sur, lo esta (el cuerpo nº 1) varios centímetros por encima y sin afectarle. La razón de este hecho es  que el enterrador o enterradores en 1936 vaciaron la fosa hasta encontrarse con los ataúdes, que imaginamos pertenecían a enterramientos o no muy lejanos en el tiempo, o con la suficiente memoria sobre quienes les ocupaban como para no removerlos.
Todo lo que sucede a continuación significará la destrucción de una buena parte de nuestro enterramiento. Nos decían en Baquerin que antes de 1992, pero sin poder precisar cuando, se hizo una importante “monda” tanto de tumbas en el suelo como de los nichos que hay en la pared septentrional del camposanto. Estos huesos en número muy abundante fueron echados en un primer momento junto al camino de acceso al cementerio. Poco después el médico del pueblo obligó a que fueran recogidos estos huesos y enterrados dentro del cementerio, por motivos no solo estéticos y de respeto sino también sanitarios. Pensamos que será en ese momento cuando no se limiten a echar estos nuevos restos en la esquina sur-oriental del cementerio, sino que se procede a su enterramiento. Dada la poca profundidad a la que se encontraban los cuerpos de los asesinados, en la actualidad poco más de un metro; en aquel momento antes de echar “las mondas” varios centímetros menos, es fácil comprender que a poco que se cavara dañaran de forma importante nuestro enterramiento. Imaginamos que el cuerpo nº “1” se libró de este  vaciado, (a excepción de algunos huesos removidos, como su fémur derecho, húmero, cubito y radio, todos de su lado derecho y huesos de su mano derecha que no hemos encontrado); sencillamente porque no se acercaron a la pared de las tapias en no muy buen estado de conservación y con riesgo de derrumbe. Desconocemos si abrieron también el espacio que hoy ocupa la tumba de 1992, aunque por la cantidad de huesos que vemos en el perfil septentrional pensamos que también esta zona pudo ser vaciada para la introducción de estas osamentas.

DESCRIPCIÓN DE LOS RESTOS DESCUBIERTOS
El cuerpo al que hemos asignado el nº “1”, lo vemos en posición decúbito supino; se encuentra a lo largo de la pared meridional del cementerio, con el cráneo situado junto a la pared oriental (Foto 25 a 32).

foto - 25

foto - 26

foto - 27

El cráneo a una profundidad de 1 metro de la superficie, mientras el cuerpo lo vemos que se va inclinando, hallándose el fémur 15 centímetros más profundo, que se convertirán en 20 centímetros en el extremo distal de la tibia.  El brazo izquierdo flexionado con la mano abierta y descansando sobre el abdomen. El brazo derecho se debía encontrar a lo largo del cuerpo. Vemos que el húmero se encuentra ligeramente desplazado, sin haberse salido de la articulación en el omóplato, con un fuerte rasponazo que ha provocado perdida de parte del hueso en el tercio próximo a la cabeza del húmero. Cubito y radio los encontramos separados hacia el exterior unos centímetros del húmero, junto a la cabecera del ataúd y a su mismo nivel. El radio aparece fragmentado en dos partes. No hemos encontrado los huesos de la mano. En su posición no estaba el fémur de la pierna derecha, aunque sobre el féretro encontramos un fémur, que a la espera del análisis forense pensamos que se correspondía con el de este hombre. Al descubrir el cráneo observamos que la parte frontal se encuentra separada del resto y que faltan trozos de huesos como los de la nariz. Los pies calzan zapatos, y las punteras se orientan hacia arriba.
Los daños óseos y alteraciones son antiguos y no producto de nuestra intervención, a la vez que se localizan principalmente en el lado derecho del cuerpo, por lo que debemos suponer que fueron realizadas durante el vaciado parcial de la fosa para echar las reducciones óseas.
Como objetos personales hemos localizado sobre el torso y a lo largo de la columna vertebral cuatro botones de pasta gris. No hemos hallado restos de cinturón o de botones o presillas de pantalón o calzoncillo. Algunos restos negruzcos de tela, sobre todo en la zona abdominal, y restos de tela de aspecto marrón en las piernas. Calzaba zapatos de cuero grueso y cierta calidad, abrochados con cordones.
El detector de metales no evidenció restos metálicos relacionados con este hombre.
El siguiente resto que interpretamos como perteneciente al enterramiento de 1936, es parte de un cráneo, que descansa sobre el féretro infantil, a 50 centímetros del cráneo de nº “1”, en su mismo nivel. Por la posición del cráneo el cuerpo de este hombre al igual que el nº “1”, también se hallaba en posición decúbito supino.
Los últimos restos que interpretamos como pertenecientes a uno de los hombres de Castromonte, se localiza a 60 centímetros del anterior, igualmente alineado con la pared oriental, en este caso se encuentra más completo pero muy fragmentado, se percibe como cuando vaciaron la fosa arrastraron de arriba hacia abajo los huesos, pero que no quedaron muy separados. Al igual que en los dos hombres anteriores nos muestra que su posición fue la decúbito supino.
Habíamos asignado un número (4) a un cuarto cráneo, que tuvimos que descartar al completar la excavación como perteneciente con cierta seguridad a nuestro enterramiento, por estar este cráneo claramente removido de su posición original, además de verlo asociado en un revuelto de otros huesos y tierra igualmente removidos. 

REFLEXIÓN
A la finalización de este informe nos queda una frustración, que ha sido el no poder recuperar los cuerpos de seis de los siete hombres de Castromonte asesinados hace 71 años. Asimismo admitimos una cierta incertidumbre sobre la correcta interpretación de lo sucedido en la fosa en los años posteriores a su inhumación, pues no se puede descartar de forma categórica que los dos féretros de adultos, sin contar con el de 1992, hubieran sido enterrados posteriormente a los de Castromonte, y que las reducciones óseas que localizamos más próximas a ellos pudieran corresponderse con los restos de nuestros asesinados. En cualquier caso también debemos admitir que en el espacio de esta esquina S-E del cementerio, antes de 1936 ya se habían producido inhumaciones que fueron alteradas por otras inhumaciones posteriores: que a la vez este espacio fue abierto para enterrar “mondas” más generales, pero también reducciones individuales, que han convertido este lugar no sólo en un gran contenedor de huesos, sino además en un gran puzzle, tanto por haber sido removidos más de una vez las acumulaciones óseas, como por la importante fragmentación de los huesos, en mayor medida por su fragilidad, precisamente los que permiten un análisis más correcto de edades e identidades como son los huesos de cráneos y partes pélvicas.

 detector de metales