La Represión

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campo de concentración
"Todos los nombres" es el proyecto de la ARMH-Valladolid para recuperar la memoria histórica de la provincia de Valladolid.

Hemos visto o leído en los medios de comunicanción varios actos conmemorativos del 60º aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis, donde fueron internados y asesinados miles de republicanos españoles exiliados, entre ellos 39 vallisoletanos, 30 de los cuáles murieron en ellos.

Valga, al menos, la cita de TODOS SUS NOMBRES como nuestro más sincero recuerdo a todos ellos:

Los muertos fueron:

* Alvarez Escudero, Mariano [Valladolid]. Güsen. 16-XI-1941.

* Asenjo Cano, Justino [Olmos de Peñafiel]. Mauthausen. 30-IV-1943.

* Calderón Díez, Casto [Valladolid]. Güsen. 30-I-1942.

* Delgado de la Iglesia, José [Valladolid]. Mauthausen. 27-III-1942.

 * Fraile Gallego, Amadeo [Castrodeza]. Bergen-Belsen. 8-XI-1944.

* Gago López, Arturo [Valladolid]. Gusen. 13-XI-1942.

* García, Miguel [Matapozuelos]. Dachau. Desconocida.

* García Salcedo, Julián [Valladolid]. Gusen. 5-IV-1942.

* Gómez Fernández, Teófilo [Valladolid]. Gusen. 9-I-1942.

* González Ribera, Claudio [Padilla de Duero]. Güsen. 25-VII-1941.

* Hernández Díez, Félix [Siete Iglesias de Trabancos]. Güsen. 13-V-1942.

* Hernández García, Ladislao [Pozaldez]. Güsen. 30-X-1941.

* Hernández Oyagüe (Ayague), Alejandro [Medina del Campo]. Güsen. 23-XII-1941.

* Herrero Catalina, Pedro [Arrabal de Portillo]. Güsen. 26-II-1944.

* Hidalgo Pérez, Pedro [Nava del Rey]. Güsen. 13-VIII-1941.

* Jorge Hidalgo, Emiliano [La Seca]. Güsen. 10-XII-1942.

* Marcos Sastre, Felicísimo [Valdunquillo de Campos]. Güsen. 27-VIII-1941.

* Martín Fernández, Fidel [Valladolid]. Gusen. 07-XI-1941.

* Martín López, Elías [Palazuelo de Vedija]. Güsen. 2-II-1942.

* Olea Esban (Babón), Mariano [Renedo de Esgueva]. Güsen. 24-XI-1941.

* Olea Madrid, Agustín [Renedo de Esgueva]. Güsen. 26-XI-1941.

* Pascual Reliegos, Macario [Villalba de la Loma].Güsen. 12-IV-1942.

* Peribánez Hermosilla, Luciano [ Valladolid]. Mauthausen. 09-XII-1940.

* Ramos Velasco, Luis [Cigales]. Güsen. 23-VIII-1941.

* Rio Piedras, Anastasio [Nava del Rey]. Güsen. 30-IX-1941.

* Rodríguez Barajas, Matías [Castronuño]. Güsen. 11-XI-1941.

* Sanchez Pardo, José [Valladolid]. Gusen. 11-VII-1942.

* Sanchez Pérez, Aurelio [Villanueva de san Mancio]. Güsen. 11-XI-1941.

* Sanz Montano, Teodoro [Peñafiel]. Mauthausen. 14-X-1942.

* Villalar Higuera, Eduardo [Valladolid]. Ternberg. 26-VI-1943.

 En cuanto a los prisioneros:

* Alcón Fernández, Emiliano [Valladolid]. Ebensee. Liberado 6-V-1945.

* Arranz (Arnanz), Tomás [Valladolid]. Neuengamme. Liberado 2-V-1945.

* Crespo, Eladio [Fontihoyuelo]. Buchenwald. Sin datos liberación.

* Montiel Beltrán, Pedro [Valladolid]. Güsen. Liberado 5-V-1945.

* Pinto Martín, Regino [Benafarces]. Dachau. Liberado 29-IV-1945.

* Planello Vicente, Eusebio [Medina del Campo]. Mauthausen. Liberado 5-V-1945.

* San José Rodero, Mario [Valladolid]. Güsen. Liberado 5-V-1945.

* Tola González, Pedro [Valladolid]. Neuengamme. Sin datos liberación o muerte.

* Valencia, José [Medina del Campo]. Remoulins. Evadido 19-VIII-1944.

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Caravana de exiliados

Las detenciones, juicios y asesinatos continuaron durante bastante tiempo. También los expolios, robos y destrozos sobre los bienes de las víctimas. Muchas familias quedaron en la indigencia. Centenares de viudas, sin el estatus legal de viudedad, puesto que sus maridos habían desaparecido; centenares de huérfanos, muchos de los cuales fueron ingresados en Hospicios y otras instituciones; familiares que no podían llevar luto, ni llorar a sus muertos...

La situación fue especialmente dura en los pueblos, donde estas mujeres sin recursos quedaron a merced de los vencedores, quienes decidían darles trabajo o no. La mayoría de ellas, sin oficio, sin pensiones ni ayudas, sobrevivieron a duras penas lavando ropa en los ríos, espigando los campos y haciendo dobles jornadas cuando se lo permitían.

Sus hijos pasaron hambre y calamidades, y a menudo no pudieron asistir a la escuela: no sólo destrozaron su vida, sino que también les robaron el futuro. Niños huérfanos de padre y a veces también de madre; o con ésta encarcelada; recluidos en instituciones alejadas de su pueblo; o trabajando durante toda su niñez, estigmatizados y discriminados por ser hijos de rojos:

Una generación entera maltratada, sometida y humillada, que ahora comienza a hablar.

Los Antecedentes: Octubre de 1934

En el año 1.934 España era una República Parlamentaria, con un gobierno de centro-derecha. La fuerza fundamental de este gobierno era la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), cuyo dirigente, Gil Robles, admiraba a Mussolini. Nunca quiso declarar lealtad a la República.

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Bandera de la 2ª república

El día 1 de Octubre del 34 amenazó al Gobierno de Samper con derribarlo si no le entregaba tres carteras. Los trabajadores y toda la izquierda vieron en esta amenaza el peligro de la entrada del fascismo en España por la vía legal, como ya había ocurrido en Alemania, Austria e Italia.

Desde principios de año hubo muchas tensiones en el campo. En Junio se derogó la Ley de Términos Municipales, que había sido la esperanza de miles de jornaleros para mejorar algo sus vidas; esta Ley quitaba al propietario la libertad de acción para contratar a quien quisiera, libertad que los caciques utilizaban para contratar mano de obra de fuera de los pueblos, dejando en la miseria a los trabajadores del campo.

A partir de ahí se produjeron huelgas, que fueron duramente reprimidas, y hubo abundantes detenciones tanto de trabajadores huelguistas como de dirigentes políticos, alcaldes de izquierdas y hasta diputados.

En este clima se fue gestando una gran Huelga Revolucionaria, que cristalizó en Octubre, y que fue rápidamente dominada por el Gobierno, que utilizó todos los medios represivos a su alcance. El movimiento revolucionario se sofocó de inmediato en Madrid y Barcelona, así como en las demás regiones españolas; sólo en Asturias pudo mantenerse unos días, debido a la unidad ejemplar de todas las fuerzas izquierdistas (UHP), y quizá a una mejor preparación: tenían armas y también dinamita. El día 5 de Octubre se proclama la República Socialista en el Ayuntamiento de Oviedo.


El Presidente Lerroux llamó a Franco y a Goded para que organizasen la represión. Se envió a la Legión y a los Regulares de Marruecos. El día 10 se acabó todo con la caída de Gijón.

La represión fue durísima en todo el territorio español: se calculan unos 30.000 detenidos: socialistas, cenetistas, catalanistas (Companys fue condenado a muerte), Largo Caballero, el propio Azaña... A continuación se descabezó el movimiento obrero. En el campo se produjo el caos: los propietarios tomaban represalias por su cuenta; hubo miles de despios; se volvió a la semana de 48 horas y se redujeron los salarios.

Hubo 20 sentencias de muerte. Lerroux no quería que se ejecutasen, pero Gil Robles se negaba a las conmutaciones, y por ese motivo dimitió.

La sociedad quedó profundamente dividida: eran los antecedentes de la Guerra Civil.

En la provincia de Valladolid, provincia agraria por excelencia, y cuya mayor fuerza laboral eran los jornaleros del campo, la huelga fue secundada en muchos pueblos, aunque sin éxito. Se proclamó de inmediato el estado de guerra y comenzaron las detenciones. La ciudad volvió a la normalidad el día 7, pero en los pueblos hubo más resistencia.

En Medina de Rioseco se asaltó una armería; murió un sargento, fueron heridos un teniente y cuatro guardias civiles  y se practicaron más de setenta detenciones.

En Tudela de Duero hubo enfrentamientos y más de cincuenta detenidos.

Lo mismo ocurrió en Peñafiel, en Fombellida, en Cabezón de Pisuerga, en Corcos del Valle, en Cigales, y en varios pueblos más.

A continuación, el Gobierno organizó una represión durísima: se detuvo a cientos de personas; se clausuraron decenas de Casas del Pueblo, y se les quitó a los socialistas de todos los puestos de poder: alcaldías, concejalías, actas de diputados...

Así, la mayoría de los Ayuntamientos, incluido el de Valladolid capital, fueron suspendidos.


La represión continuó durante los siguientes meses, practicándose detenciones en muchos pueblos, estuvieran o no los detenidos complicados en la intentona; hubo además registros domiciliarios, acoso y persecución.

El año 1.935 comienza en España con 35.000 presos políticos; los partidos políticos y sindicatos de izquierdas, prácticamente desarticulados, los obreros en manos de los patronos y caciques, y un problema de paro gravísimo.

Con este panorama comenzaron a celebrarse en todo el país los consejos de guerra a los detenidos.

Estos encausados por la huelga de Octubre cumplirán penas más o menos largas en prisión; algunos, hasta que sean amnistiados en Febrero del 36 por la victoria electoral del Frente Popular.

Y son precisamente las personas con estos antecedentes, así como en muchos casos, sus familiares directos, las primeras víctimas del golpe de estado de Julio del 36: nuestras investigaciones confirman los asesinatos y ejecuciones de la inmensa mayoría de estos detenidos del 34 durante los primeros días del golpe a manos, principalmente, de los grupos falangistas de sus propios pueblos, que actuando de forma incontrolada, sacaron a estas personas de sus casas, las asesinaron e hicieron desaparecer por montes y cunetas en fosas anónimas e ilegales, se incautaron y destruyeron sus bienes e intentaron, por fin, hacer desaparecer para siempre su memoria.

Nuestro proyecto, “Todos los Nombres”, tiene como objetivo, precisamente, la recuperación y la incorporación a la Historia de todas estas víctimas anónimas, cuyos restos yacen desperdigados por toda nuestra provincia, restableciendo su dignidad y resarciendo, en lo posible, el dolor de sus familiares.

 

Fuentes:

“El Movimiento obrero en Valladolid durante la II República”. Angel de Prado Moura.
“La Guerra Civil Española”, Hugh Thomas.

 

Desde las elecciones de febrero hasta el golpe de estado del 18 de julio el clima político y social se deterioró de forma dramática en Valladolid.

Ciudad de provincias y guarnición militar, nudo de comunicaciones y centro agrario, Valladolid reunía las condiciones ideales para que el drama que estaba a punto de desatarse lo hiciera con toda la intensidad e irracionalidad posible.

Socialmente la capital se definía por los contrastes: un núcleo obrero importante en forma de los trabajadores ferroviarios, concienciados y politizados, de mayoría socialista; una cantidad significativa de profesionales liberales cultos y progresistas que habían dotado al régimen republicano en Valladolid de funcionarios y dirigentes; un sector significativo de la pequeña y mediana burguesía que simpatizaba abiertamente con el sistema democrático republicano, cuyos máximos representantes (el Gobernador Civil, el Alcalde, el Capitán General de la División Orgánica) estaban entre sus más decididos servidores.

Enfrente las clases altas, de tradición monárquica y conservadora; la mayoría de la burguesía urbana, fuertemente católica; los pequeños propietarios rurales; una minoría violenta y activa de falangistas y jonsistas, cuya actividad fue decisiva antes y después de la rebelión; los mandos medios del ejército, la guardia civil y la guardia de asalto, firmemente comprometidos por acción u omisión con la rebelión militar, y, por supuesto, la Iglesia  católica, oponente tenaz de la república desde la constitución de ésta.

Los incidentes violentos, desde Febrero, fueron prácticamente diarios y algunos de carácter muy grave. Llevando a la práctica la teoría joseantoniana de la “dialéctica de los puños y de las pistolas”, los miembros de Falange y de las JONS se lanzaron con entusiasmo a una espiral de agresiones contestadas por extremistas de la CNT o el partido comunista. Para atajar esta situación, el nuevo gobernador civil, Lavín, dictó órdenes de prisión para gran cantidad de miembros de ambos grupos: en julio de 1936 no había menos de ciento cincuenta falangistas en la cárcel, donde protagonizaron numerosos incidentes.


Ya desde el mes de marzo se pondrá en marcha la maquinaria de la sublevación: en diversos acuartelamientos de la ciudad se forman “juntas” o grupos de conspiradores, se entrenan militarmente grupos falangistas en el campo, se compran armas y se hace un proselitismo constante a favor del golpe de estado. A comienzos de Julio, tras el asesinato del capitán Castillo y de Calvo Sotelo, el golpe de estado es un secreto a voces.

En los días previos, el gobernador civil tomará una serie de medidas destinadas por un lado a contener la violencia callejera y por otro a prevenir una rebelión contra el gobierno: se protegen los centros de poder principales, se informa a Madrid de lo que ocurre y se procura, en la medida de lo posible, “asegurar” los mandos de la Policía y de la decisiva Guardia de Asalto.

Todas estas medidas se revelarán insuficientes. El día 18 de Julio se ordena el traslado de la Guardia de Asalto a Madrid, para reforzar la seguridad en la capital y, de paso, alejar un cuerpo conflictivo en Valladolid. Pero los oficiales no obedecen las órdenes y, espoleados por elementos extremistas, deciden de motu propio, sin coordinación con la trama militar, apoyar el golpe de estado. En compañía de algunas decenas de falangistas recorren las calles de la ciudad y toman la Radio, Correos y Telégrafos y la Telefónica.

Mientras, la situación se precipita: la conspiración militar ha sido organizada por algunos mandos medios bajo la supervisión del general Saliquet, al acecho en una finca de los Montes Torozos. Su principal problema es el Capitán General de la División, Molero, un militar profesional leal a la República que durante el mes anterior ha mostrado una actitud enérgica sancionando y apartando del mando al coronel Serrador, designado por Mola como presidente de la Junta encargada de la rebelión.


A las once y media de la noche del 18 de Julio, un grupo de oficiales y falangistas encabezados por los generales Saliquet y Ponte entran en el edificio de la División con la intención de convencer a Molero de que renuncie al mando. Este se niega y sus dos ayudantes de campo, comandantes Liberal y Rioboo intentan arrestar a los golpistas. Se produce un tiroteo en el despacho del capitán general, muriendo un falangista y resultando heridos de extrema gravedad ambos comandantes. Molero es arrestado y desposeído del mando, haciéndose los sublevados con el poder.

Inmediatamente se ejecuta el plan preestablecido: se toma Gobernación Civil, arrestando a Lavín, se ocupa la Estación del Norte, la Fábrica de Gas y demás centros neurálgicos.

El Ayuntamiento, defendido por un retén de bomberos, resistirá hasta la mañana del 19. En cambio, la Casa del Pueblo, dio muchos más problemas a los sublevados.

En efecto, estos temían desde el principio la fuerza del PSOE y UGT en Valladolid, con más de 12.000 afiliados. Estos, ante las primeras noticias del golpe, habían ido a pedir armas al gobernador civil, quien en un primer momento no quiso y posteriormente no pudo dárselas.

Sin instrucción militar ni planes de actuación, se concentraron en la Casa del Pueblo, acabando así con sus ya de por sí escasas posibilidades de resistencia. En efecto, el 19 por la mañana comenzó un asedio en toda regla que culminó a cañonazos, provocando algunas víctimas y la rendición incondicional de los más de ochocientos ocupantes del inmueble, la mayoría de los cuales serían fusilados más adelante.

El mismo 19 por la tarde la situación está ya absolutamente controlada por los golpistas: tan solo se producen algunos episodios de resistencia esporádica por parte de francotiradores en las barriadas obreras, que se prolongarán casi durante un mes. Con las autoridades republicanas detenidas y la ciudad tomada se abrían las puertas a una represión salvaje.