A ellos, que en los pueblos les llamaban: “Los que iban un paso por delante”

Damos las gracias desde esta asociación a todos los que hoy os habéis acercado a rendir homenaje a las personas que fueron asesinadas a partir de julio de 1936, y que después de 80 años fueron recuperadas de los caminos de este cementerio.

Queremos en primer lugar concretar nuestro agradecimiento a los hijos, nietos y otros familiares de aquellos. Entre nosotros está Nemesía, hija de Mateo Gómez, alcalde de Casasola de Arión, cuyos restos han sido identificados. La presencia de Concepción Gonzalez, sobrina de Francisco Gonzalez Mayoral, sargento del ejército, también identificado en estas fosas. Ana Neira, biznieta de Lina Neira Frances, identificada también en una de las fosas. Su marido fue asesinado con ella. Todavía no ha sido identificado. María Doyagüez y maría Ruiz Doyagüez, madre e hija, han sido identificadas, pero no se han localizado familiares. Entre nosotros también otros hijos de desaparecidos, como Milagros Martínez, o Mercedes Abril, Goya Bravo. Hoy ya no ha podido estar con nosotros nuestra vicepresidenta de la asociación e hija de desaparecido Julita Merino y su marido German. Ejemplo de lucha y acicate para todos nosotros desde que creamos esta asociación de familiares de victimas en el año 2002. También quiero tener un recuerdo especial para Nina Carlón, hija de asesinado, fallecida hace dos meses. Ella con otros familiares han mantenido memoria viva de la existencia de las fosas que se recuperaron en 2016 y 2017, desdiciendo a los que les querían convencer de que habían sido levantadas.

En segundo  lugar agradecer la presencia de autoridades, entre estas el secretario de estado para la memoria democrática, Fernando Martínez, al delegado del gobierno en castilla y león, Javier Izquierdo, al vicepresidente de la junta de Castilla y León, Francisco Igea. Subdelegado del Gobierno Emilio Alvarez,. Alcalde Valladolid, Oscar Puente, Secretario General de Transparencia, José Miguel García Garcia., Alcaldes y concejales de diferentes municipios de la provincia. Y de otros lugares como la representación aquí de la localidad vizcaína de Arrankudiaga-Zollo.

Representantes de partidos, sindicatos y otras organizaciones, como Manuel Escarda, secretario provincial del PSOE y senador. Representantes de Comisiones Obreras. Jueces para la Democracia y otras organizaciones de Valladolid.

Y por último no quiero dejar de agradecer a todas las personas que en estos 17 años de ARMH de Valladolid han trabajado y colaborado con nosotros.

Hoy, después de casi 84 años reciben una digna sepultura, y la justicia humana, la justicia histórica que ellos se merecen. Hombres y mujeres que simplemente quisieron, apostaron, lucharon por una democracia, más justa, más libre, en definitiva lo que ayer y hoy se desea, deseamos cualquier persona de bien.

Entre nosotros como símbolo de tenaz resistencia algunos de los hijos de aquellos. Llama viva en un país que decidió que el olvido y la injusticia era remedio de algo.

Miradles bien porque ellos, en ellos, se concentran el desamparo y el sufrimiento de tantos miles de padres, madres, hermanos, esposos, esposas, hijos, que han ido muriendo en estos largos años con un solo anhelo, recuperarlos, mirar su noble calavera y enterrarles con amor.

Algunos habéis  venido de muchos lugares de España con el deseo de al menos poder ver sus nombres inscritos en estas paredes, porque sus restos un día aquí enterrados ya solo son huesos de un osario común, mezclado e impersonal, perdido.

Otros, como los compañeros de otras asociaciones memorialistas: Plataforma de Asociaciones de familiares de las fosas de Paterna y de la coordinadora de Asociaciones por la Memoria Democrática delPaís Valencia, han llegado para acompañarnos y para trasmitirnos que ellos también han conseguido recuperar a algunos de los suyos, pero las dificultades de reconocimiento y enterramiento digno están presentes.

En nuestra convocatoria hemos prestado especial interés en invitar a representantes institucionales, a partidos políticos, sindicatos y diferentes organizaciones sociales. La razón es simple, desde la ARMH de Valladolid queremos reivindicar, trasmitir un mensaje de justicia con nuestro pasado y de propósitos para nuestro presente. España en 1936 tenía una democracia, con las dificultades propias de una democracia joven y rompedora con un pasado de atrasos, vejaciones y pobreza. España no era un país pobre, pero la mayoría de sus gentes vivían de forma miserable. Unos índices de pobreza, de mortalidad en todos los rangos de edad, de injusticia, que se hacían insoportables. Las dificultades, las resistencias violentas de esta nueva democracia no fueron menores que los sufridos en nestra actual democracia en los años de la llamada transición.

En aquella democracia republicana se implicaron una parte sustancial de la población española, y lo hicieron desde ideologías, militancias, compromisos muy diversos. Aquella democracia se rompió por un golpe de estado, un golpe de estado que además promovió como estrategia y finalidad la eliminación física, la anulación del contrario.

Podemos debatir sobre los errores o no errores de aquella democracia, pero de lo que no puede haber duda, en donde no puede haber controversia entre demócratas es que aquello finalizo, de la única manera que no puede justificar un demócrata, con un golpe de estado, con una guerra, con un rompimiento del país.

El pasado es recurrente si la voluntad es el olvido. Los demócratas de hoy  tenemos que reconocer, visibilizar  y ser deudores de aquella democracia. Conocer, aprender para que hoy que renace lo más bajo de la España oscura, no caigamos en el error de darles alas, y algunos ya se las están dando. Hoy todos, de todos los partidos, sindicatos, organizaciones de cualquier tipo tenemos que agarrarnos a aquellos demócratas, a estos que hoy enterramos y no permitir que nos conduzcan de nuevo al abismo. Reflexionad, no miréis solo vuestro espacio inmediato.

Disculparme por emplear un tono más duro en las siguientes líneas, pero creo que si queremos avanzar es necesario que reconozcamos nuestros errores y nuestras realidades.

Lo primero que debemos reconocer ante estas paredes vacías, es que estos retrasos, esto de llegar el día del entierro y todavía no estar todo hecho, como es la falta de los nombres del memorial, no es una anécdota, no son las prisas de última hora, no es un error puntual, una dificultad añadida. Es un episodio más, es casi una rutina. La rutina de 84 años. La rutina de 44 años de camino democrático de este país. Después de 44 años de la muerte del dictador no ha habido voluntad alguna de buscar a los desaparecidos, no ha habido voluntad alguna de su reconocimiento histórico, voluntad alguna de la necesaria justicia.

 

Se anuncian ayudas importantes para su búsqueda, pero ya no hay padres, hermanos, esposas, y casi hijos a quien entregar sus restos, a quien mitigar su dolor.

Se ha fallado, se falla en cuatro aspectos necesarios, importantes.

Uno, el humano, el familiar. Cuando se instaura esta democracia, más de 40 años ya, los familiares: esposas, esposos, hijos, hermanos, todavía algunos padres, solo querían una cosa, que les buscaran, enterrarles. Lo ocurrido en Valladolid, es casi calcado a lo que ha sucedido, salvo honrosos casos, en toda España; lo pidieron y nadie movió un dedo, lo esperaron y nadie reconoció su necesidad, su derecho.

En 2016, durante los trabajos de exhumación, nos acompaño una nieta de desaparecido, que nos contaba que de pequeña, todas las semanas venía a estos caminos con su abuela. A ninguna tumba, a estos caminos. Su abuela le decía que no moriría hasta que encontraran a su marido. Murió ya entrado el siglo XXI con 96 años, esperando.

Desde la perspectiva histórica. Reconocer que frente  a la desidia de gran parte de historiadores, hemos contado y contamos con un puñado de historiadores que alejados de discursos retóricos, han investigado, investigan. Mucho ha ayudado para la investigación la apertura de archivos; entre ellos algunos archivos militares. Pero todavía incompresiblemente algunos cerrados a la investigación. En la cuantificación de los desaparecidos, todavía hay muchas lagunas. Y los estudios de sus personalidades, fuera del conocimiento de sus nombres, los trabajos no son muchos en la geografía española. El trabajo de la ARMH de Valladolid, con ese libro de 2700 páginas, 6900 personas, que incluye el relato individual de cada uno, no es una publicación que veamos en muchos otros lugares. Apuntar que ese libro fue publicado en 2014, y que hoy la cifra ha aumentado a las 10500 personas que sufrieron represión en Valladolid o su provincia.

Si valoramos la actuación de la justicia, pocas líneas se pueden dedicar. En fechas muy recientes hemos vuelto a padecer, como, tras la apertura de causas judiciales tras el hallazgo de desaparecidos en una fosa, poco tiempo después las causas han sido cerradas. Siempre se acude a la ley de Amnistía, o a la prescripción. Da igual que lo ocurrido con los desaparecidos sean crímenes de Lesa Humanidad, da igual todas las obligaciones y recomendaciones internacionales; la justicia española tiene su ley de punto final, y ningún otro estamento que la cuestione. La judicatura es una piña en este tema, y el que se mueve….no sale en la foto.

Y por último citar el aspecto social, político de los desaparecidos. Si algo ha demostrado la investigación es que los que murieron, los que fueron asesinados con o sin juicio, eran los que tenían que morir. Que aquellos asesinatos fueron perfectamente programados por parte de las principales autoridades sublevadas, y justificados para sus fines de guerra y posteriormente para sus fines de posguerra. Nada de envidias y malos quereres.

Los asesinados guardaban unos aspectos comunes, su creencia, su implicación, su defensa, su lucha, sus reivindicaciones en la democracia nacida en 1931. Hubo organizaciones que fueron más golpeadas, más diezmadas que otras, no cabe duda, pero hay algo común a todos ellos, algo que es necesario comprender y valorar por todos los que hoy se consideran demócratas; algo que debe estar por encima de las siglas que hoy utilizamos y, que es el reconocimiento de su valor como hombres y mujeres, que por encima de su militancia concreta, lucharon, defendieron la causa de conseguir un país más justo, más avanzado, más desarrollado. Reconocer que trabajaron para intentar erradicar de España a aquellos que tanto se les llenaba la boca de España, pero que la mantenían analfabeta, pobre, subyugada, maltratada. Casi los mismos que vemos como poco a poco se van hoy empoderando.

Dicho lo anterior, denunciar, asumir que ningún gobierno, ningún partido, ningún sindicato, ninguna otra organización de Estado Español, ha tenido en estos 40 años voluntad alguna, ni con los represaliados en general, ni los desaparecidos en concreto. Lo que se ha conseguido en la recuperación de desaparecidos poco o mucho, ha sido por el empuje, por ese tirar del ronzal para que el carro algo avance por parte de familiares de víctimas y quienes les apoyan, pocos. Y reitero, bienvenidas las ayudas y todo lo que se considere, pero no saquen pecho, es su obligación, era su obligación desde la muerte del dictador.

Agradecemos a todas las instituciones y gobiernos nacionales, regionales o locales lo que nos han ayudado, para poderles buscar, para poderles enterrar, para acceder a archivos. Aquí quiero tener un recuerdo especial a  Carma Chacón, que siendo ministra nos abrió las puertas del Archivo Militar IV del Ferrol, fundamental para construir nuestra investigación. Agradecerle que retirara de la sede de la antigua Capitanía General la simbología de la dictadura; sobre todo porque lo hizo como se debe hacer, con total normalidad democrática, sin miedos y sin aspavientos. Agradeceremos todo lo que se pueda ir avanzando. Pero reiterar que nadie intente sacar réditos, que nadie intente sobresalir, porque el daño, el error ya está consumado.