LA SUBLEVACIÓN

            De forma telegráfica relatamos el desarrollo de los acontecimientos de la sublevación en Valladolid y su provincia. Sucesos que con detalle se pueden seguir en el trabajo de Ignacio Martín Jiménez, “La guerra civil en Valladolid (1936-1939). En el posterior desarrollo de nuestra publicación, pueblo a pueblo se muestra el fruto de nuestra investigación. Como en el resto de España en marzo comenzó a fraguarse el golpe de estado que se desencadenara el 18 de julio. El director y cabeza visible será el general Mola. Para Valladolid cabecera de la VII División Militar será designado el coronel Serrador como presidente de la Junta encargada de preparar la sublevación. Serrador será descubierto y pasará a situación de disponible forzoso, recayendo la responsabilidad que ejercía en el comandante Moyano.

            El día 17 de julio tras los sucesos de sublevación de la guarnición en África, el gobernador civil tomó medidas para evitar disturbios en la calle y trato de asegurarse la lealtad de las distintas fuerzas armadas a través de continuas reuniones. Descartó, al menos en un primer momento el reparto de armas entre miembros de los sindicatos y partidos de izquierda. Las comunicaciones telefónicas quedaron cortadas durante la noche con Madrid. Manteniéndose entre la población la incertidumbre sobre la trascendencia del levantamiento. El Capitán General de la VII División Militar, general Molero fue recorriendo el día 17 cada uno de los acuartelamientos informando que el levantamiento en las guarniciones Africanas había fracasado, y tratando de asegurarse la lealtad de sus jefes.

            El día 18 en la Casa del Pueblo de la capital se reunirán numerosos afiliados a la espera de recibir instrucciones y también armas. Desde algunos pueblos militantes de izquierda llegan en automóviles a la capital con la voluntad de recibir armas, con las que contener en sus poblaciones a los posibles sublevados. En la tarde del 18 se recibieron en el Gobierno Civil órdenes desde Madrid con la instrucción de repartir armas entre los afiliados a partidos y sindicatos progresistas. Estas armas, unas dos mil, estaban en el cuartel de la guardia civil de Fabio Nelly. Negándose estos a entregar las armas, además de sumarse a la sublevación en la madrugada del día 19. El Jefe de la Comandancia de Valladolid, teniente coronel Ruiz Guerra se había mostrado fiel al gobernador civil, Lavin, siendo sustituido a favor de los sublevados por el segundo jefe, Mariano Salinas Bellver.

            La sublevación en la capital tendrá un primer episodio en la tarde del día 18 de julio cuando tenía que salir en dirección a Madrid un contingente de guardias de Seguridad y Asalto. Estos se mostraron en clara oposición a cumplir las órdenes emanadas desde el Gobierno Civil. Salen en manifestación desde su cuartel de la plaza Tenerías, un grupo que no superaba la decena de agentes dando gritos y vivas a España.  Una parte de los guardias de asalto desde la llegada del nuevo gobernador civil se muestran contrariados por la expulsión del cuerpo en primer lugar del capitán Ruiz y después de los tenientes Fernández  Sanz y Cuadra; todos ellos por estar comprometidos con la trama golpista.

            Esa tarde recibirán armas de los militares algunos falangistas y  otros jóvenes de partidos también antidemocráticos como Renovación Española, acompañando a algunas unidades militares que ya durante la noche saldrán a la calle como fuerza sublevada. Aunque será en la mañana del día 19 cuando estas armas sean repartidas en mayor número, y se inicie la formación de las milicias de civiles como cuerpo auxiliar de los militares.

            Algunos grupos de falangistas y jóvenes de movimientos afines desde días antes del 18 de julio se habían concentrado en lugares de Torozos, Mojados, Geria o en sus propios pueblos  a la espera de secundar el movimiento militar que se fraguaba. Un falangista de Velilla nos ofreció testimonio, de que él fue concentrado en Geria el día 16. Otro falangista de Cigales que estaba fuera de su localidad, recibió órdenes de Onésimo Redondo para que el día 16 regresara de forma discreta, “porque lo que estaban esperando, iba a suceder”.

            En Valladolid, cabeza de la VII División Militar la responsabilidad de la sublevación había sido encargada al general Saliquet, por entonces en situación de disponible forzoso. Saliquet  se encontraba a la espera del inicio de esta en una finca de los hermanos Cuesta, sita en Mucientes, en los Montes Torozos. Saliquet también debió llegar a esta finca el día 16 de julio.

            Los planes de Saliquet, al menos el efecto sorpresa, se ven alterados por la iniciativa de los guardias de Asalto y Seguridad. Por testimonios orales recibidos salen de la finca de los hermanos Cuesta diecisiete vehículos con dirección a Valladolid. Se dirigen directamente a la Capitanía General, donde llegan en la madrugada del 18 al 19 de julio. En el despacho del Capitán General de la VII Región Militar, con el general Molero se encuentran sus ayudantes los comandantes Rioboo y Liberal. Saliquet es acompañado por el general Ponte, los comandantes Maristany, Martín Montalvo y Gómez Caminero. Los capitanes Artieda, Silvela y Soler. El teniente Cuadra. El marqués de Valdesevilla y el militante de Renovación Española Emeterio Estefanía. Después de la negativa de Molero a secundar la sublevación, se produce un tiroteo en una de las galerías del palacio, resultando muerto en el acto Estefanía y heridos de gravedad los comandantes Liberal y Rioboo que morirán los días 20 y 21 de julio. El general Molero también resulto herido en una pierna. El general Molero será condenado en un primer juicio a una pena de tres años, pero una revisión posterior de este juicio le condenara a muerte, pena que será conmutada por la de 30 años. Como es habitual en la mayoría de los juicios el general Molero será acusado “curiosamente” de rebelión militar.

            El día 19 se rendirán los que estaban refugiados en la Casa del Pueblo tras recibir en la fachada del edificio dos descargas de artillería y fuego de ametralladora desde los tejados de la catedral. En total serán detenidos y después juzgados 448 personas. El día 19 también se rendirán los que resistían en el ayuntamiento vallisoletano, donde todavía son apreciables las huellas de más de cincuenta disparos en su fachada. Durante la semana siguiente a la sublevación se reiterará con cierta frecuencia el intercambio de disparos, sobre todo en la modalidad conocida como “paqueo”, una forma de guerrilla urbana, en la que resistentes dispersos por la ciudad, desde un tejado o una esquina realizan disparos contra las fuerzas sublevadas y se retiran de inmediato.

            En la provincia, el día 18 fue un día de relativa tranquilidad. En muchos pueblos en las Casas del Pueblo se reunieron afiliados de izquierda y con escaso armamento de escopetas de caza y pistolas controlaron que no salieran de sus casas los que consideraban afectos a los sublevados. Durante la madrugada del 18 al 19 las fuerzas de la guardia civil se sumaran a la sublevación. Desde ese momento y en los días posteriores se irán sustituyendo los concejales y alcaldes elegidos democráticamente por gestoras afines a los sublevados. Muy pocas poblaciones, Tiedra, Cigales, Nava del Rey, Medina del Campo, Peñafiel, Quintanilla de Abajo o Alaejos, intentaron resistir a las fuerzas sublevadas. Su resistencia fue más un gesto que una oposición, pues no tenían otras armas que escopetas de caza y pistolas para enfrentarse a los fusiles Máuser que portaban guardias civiles, militares y milicianos. En esas poblaciones se produjeron muertos entre las fuerzas sublevadas y la resistencia. En otras poblaciones como Tudela