Escrito de Julio del Olmo (Presidente de la ARMH de Valladolid)

Valladolid 26 de enero de 2011   

 

             Me han llegado y he leído los correos cruzados que se han dirigido entre sí familiares de personas  que ilegalmente fueron enterradas en el Valle de los Caídos, y que desde hace años están realizando gestiones para trasladarles a sus panteones familiares. No sólo es un derecho moral el que les asiste sino además  un derecho legal, agravado por  la circunstancia de que se trata de personas que fueron secuestradas en sus domicilios en 1936, asesinadas en campos y cunetas, por tanto victimas de crímenes de guerra.

 

             Como muchos sabéis nuestra asociación y en nombre de los familiares de siete personas procedentes de Pajares de Adaja llevamos ya siete años  pidiendo un legítimo derecho que además esta amparado, reitero, en leyes internacionales de obligado cumplimiento en un país que se dice tiene asumido e implantado un régimen democrático.

 

             Ante las continuas trabas e incluso el procesamiento del juez Garzón  por haberse hecho eco de nuestras demandas… fíjense nosotros somos unos de los culpables de su procesamiento;  los familiares de Pajares de Adaja se constituyeron en plataforma y  han seguido reivindicando la recuperación de sus desaparecidos.

 

             Este verano el Gobierno de España montó “un paripé” en el Valle de los Caídos. Abrieron algunas de las criptas, convocaron de forma discreta a algunos de los familiares demandantes,  se les quiso convencer de la imposibilidad de poder  recuperar los restos de sus allegados dadas las nefastas condiciones de conservación y preservación de los restos óseos, por haberse desmoronado las cajas en las que fueron almacenados. Todo esto por voz de dos forenses, es decir personas con nula capacitación para proferir ese tipo de conclusiones, y por supuesto sin autorización y presencia de expertos cualificados que pudieran realizar un análisis de las circunstancias de conservación y posibilidades de recuperación de esos restos.

 

             A fecha de hoy, cuando escribo estás líneas y después, como apunté, de haber leído los correos cruzados de estas familias que siguen encontrándose con la frustración de no poder ejercer su legítimo derecho, más que un arrebato de rabia o indignación, sientes que es hora de comenzar a realizar preguntas y plantearte en que país es en el que realmente vivimos.  En amplios sectores de la prensa y la política el querer  investigar, conocer en profundidad y en su caso defender la memoria de personas que creyeron en un sistema democrático como el que hoy podamos ver en cualquier país europeo, se considera que no tiene otra intención que la búsqueda del enfrentamiento, o la de ganar en los papeles una guerra que no se supo vencer en los campos de batalla, como si de un partido de fútbol estuviéramos hablando.

 

             Un país en el que se aprueba una ley en la que se sigue dando por buenos los juicios sumarísimos que llevaron a la muerte a miles de españoles, además de expropiarles a muchos sus bienes legítimos. Un país en el que se suceden los homenajes y reconocimientos a los representantes políticos de la reciente democracia, y se olvida sistemáticamente a los que también fueron elegidos democráticamente y acabaron asesinados o pasaron años de cárcel. Un país en el que se nos dice y con toda justicia, que no debemos ni podemos olvidar a las victimas del terrorismo de los últimos cincuenta años, pero que a renglón seguido exclama que hacer lo mismo con aquellos que tuvieron el mismo fin pocos años antes, es no querer superar el pasado o plantear una situación de enfrentamiento entre españoles.

 

             Son contradicciones y situaciones difícilmente asumibles en una democracia. Nos han querido convencer del gran esfuerzo que en la llamada Transición realizaron los sectores políticos, económicos e ideológicos de la dictadura antidemocrática para adaptarse a los corrientes democráticas, y de como abrieron el país llenándolo de formas y contenidos democráticos.  Pero la realidad es que en este y otros temas cada vez que  los intereses políticos, económicos, gustos o placeres de los sucesores ideológicos de la dictadura se sienten aludidos, descargan toda una batería de recursos difícilmente entendibles en una democracia. El día a día cuando uno abre los medios de comunicación con las noticias a nivel nacional, comunidades autónomas o ayuntamientos, recuerda más  a los viejos tiempos que a un país con democracia asentada. Y por otra parte en referencia a las fuerzas teóricamente con mayor raigambre democrática; sinceramente a estas alturas, ya no sabes si son comparsas de los representantes del antiguo régimen, son los mismos que los otros pero disfrazados de lagarterana… o es que quién suscribe esta despistado y no ha entendido la verdadera idiosincrasia y sociología de la población  española.

              En definitiva… los familiares de las personas ilegalmente “almacenadas” en el Valle de los Caídos, siguen recibiendo largas, cuando no improperios por esa manía de querer enterrar a los suyos en sus panteones familiares.