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Activista de la libertad, ahora me pregunto a mi mismo
¿Por qué mi pensamiento te sigue?
Así se siente, hijo del corazón.
¿No te duele sentirte solo?
Te ofrezco la mejor parte de mí
Para hacer que el perro semihundido (1)
- que eres, que soy, que somos por la obra de un sordo-
salga a flote.

(1) Una de las obras de Francisco de Goya y Lucientes.

 

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La vida después PDF Imprimir E-Mail

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Caravana de exiliados

Las detenciones, juicios y asesinatos continuaron durante bastante tiempo. También los expolios, robos y destrozos sobre los bienes de las víctimas. Muchas familias quedaron en la indigencia. Centenares de viudas, sin el estatus legal de viudedad, puesto que sus maridos habían desaparecido; centenares de huérfanos, muchos de los cuales fueron ingresados en Hospicios y otras instituciones; familiares que no podían llevar luto, ni llorar a sus muertos...

La situación fue especialmente dura en los pueblos, donde estas mujeres sin recursos quedaron a merced de los vencedores, quienes decidían darles trabajo o no. La mayoría de ellas, sin oficio, sin pensiones ni ayudas, sobrevivieron a duras penas lavando ropa en los ríos, espigando los campos y haciendo dobles jornadas cuando se lo permitían.

Sus hijos pasaron hambre y calamidades, y a menudo no pudieron asistir a la escuela: no sólo destrozaron su vida, sino que también les robaron el futuro. Niños huérfanos de padre y a veces también de madre; o con ésta encarcelada; recluidos en instituciones alejadas de su pueblo; o trabajando durante toda su niñez, estigmatizados y discriminados por ser hijos de rojos:

Una generación entera maltratada, sometida y humillada, que ahora comienza a hablar.

 
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