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Ahora ya está la tierra levantada
y no hay playa debajo
sino espejos
con millones de ojos y miradas
que elevan sus reflejos
al borde de la nada.
 
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Reflexión de Julio del Olmo tras el Homenaje de Torozos 2011:

NI TERCERA, NI QUINTA REPÚBLICA

 

Nuestro día de homenaje en Torozos acabó con una cena de cincuenta y tantos socios y amigos. En un brindis más bien deshilachado pronuncie las palabras: animo para seguir adelante y me “da igual tercera que quinta república”. Algún gesto de estupefacción, incluso una reacción verbal.

 

A lo largo del siglo XIX y el primer tercio del XX, primero en la intelectualidad y después en la mayoría de la población fue creciendo y forjándose un individuo con conciencia ciudadana, consciente de la realidad social, ideológica de su tiempo. Consciente del valor que su fuerza y actitud ante la vida social cobraba, lo que podía ser determinante en la conformación global de la sociedad.

 

No nos confundamos, si la segunda república llegó con tanta facilidad y sin resistencia, lo fue porque las fuerzas políticas  e ideológicas que dominaban el país, una vez agotado el periodo nacido con la restauración de 1875, vieron en la república un medio de cambiar la imagen, pero no el fondo de la estructura social, económica e ideológica del país. Enseguida se dieron cuenta que la mayoría de la población y de todos los estamentos sociales tenían la firme determinación de no consentir otro sistema que no fuera el democrático en las formas y en el fondo. Un reparto más igualitario de la riqueza y un orden ideológico en el que cupieran otras formas de pensamiento, y no sólo el “catolicismo español”.

 

La incapacidad para dominar y domesticar a esa población, formada y en movimiento irreversible, provocó no sólo el golpe de estado y la guerra, sino que además España se convirtió en un gran campo de concentración que rompería con los valores democráticos y que sirviera asimismo para el adoctrinamiento en los valores de la “nueva España”, es decir los viejos de siempre. Enseñanza pública y religiosa, iglesias, medios de comunicación, estado militarizado y policial  fueron sus métodos.

 

El logro fue conseguido, el ciudadano anodino, desconfiado de la política y sumiso a los dictámenes superiores se hizo mayoría.

 

La llamada transición española al igual que en la república, la democracia llegó bajo el manto y mano de los mantenedores de la dictadura, los mismos que dieron el golpe de estado, los mismos que sustentaron el régimen seudo democrático de la restauración de 1875.

 

La llegada de una pretendida democracia, tenía que haber tenido como pilar básico la formación y educación en valores democráticos esenciales para un correcto establecimiento de esa democracia. Pero a los deudores de la dictadura y a los nuevos partidos que entraron en el juego abierto por la dictadura, les ha sido más conveniente mantener a este ciudadano chillón, pero incapaz de analizar con mínima lucidez su entorno. Incapaz de implicarse minimamente en la vida social. Inconsciente de la fuerza que posee como individuo y como colectivo para que el político sirva a los intereses públicos y no  a los privados o grupales.

 

Como consecuencia tenemos unos políticos de los que nos quejamos mucho, pero son la prolongación de nosotros mismos. Al fin y al cabo les elegimos nosotros. Jaleamos a los corruptos, nos reímos de sus gestos claramente antidemocráticos. Como hojas desprendidas del árbol nos dejamos manejar y conducir por sus medios de comunicación.

 

Me reafirmo, ahora mismo lo menos importante es que régimen político mantengamos o establezcamos como nuevo. Lo preocupante es que la mayoría de los ciudadanos estén haciendo el juego a unas clases políticas, ideológicas que están conduciendo a este país y al mundo a un  caos humano, en el que sólo imperan los intereses y valores de unos pocos “no se sabe quién”.

Julio del Olmo.

 
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