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Ahora ya está la tierra levantada
y no hay playa debajo
sino espejos
con millones de ojos y miradas
que elevan sus reflejos
al borde de la nada.
 
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A cuento del juez Garzón (por Julio del Olmo) PDF Imprimir E-Mail

A CUENTO DEL JUEZ GARZÓN  (Julio Del Olmo)


Al hilo del juicio que se inicia y la discusión pública abierta sobre las responsabilidades del juez Garzón, nosotros no vamos a cargar las tintas negativamente sobre este juez, si no que en nuestra opinión este juez ha reforzado un debate y ha puesto en evidencia, deficiencias, contradicciones e injusticias difícilmente justificables, sobre un acontecimiento humano e histórico de nuestro país. En más de treinta años de democracia española, catorce años de gobierno de Felipe González y ocho de Aznar; la lógica democrática y la justicia no sólo necesaria, si no además obligada por leyes internacionales que superan el ámbito español, fueron conscientemente aparcadas. Se nos impone una ley de amnistía, la de 1977, como una ley de punto final.

El poder judicial con descaro ilegal e injustificable, ha mirado para otro lado cada vez que ha aparecido una de las muchas fosas comunes abiertas, en las que por obligación de sus funciones tenía que haber intervenido. En el ámbito universitario, demasiados departamentos, que tenían que haber investigado, por obligación de su cometido, aquel acontecimiento histórico. Si lo han hecho, ha sido sin profundidad y empeño, o peor todavía, en algunos casos, sin pruebas documentales han seguido reafirmando las justificaciones y explicaciones forjadas en la dictadura.
En el año 2000 dio sus primeros pasos un movimiento ciudadano, que ha ido creciendo en número y repercusión social; que intenta recuperar los cuerpos de tantos desaparecidos españoles, tirados por campos y cunetas. Un movimiento ciudadano que quiere saber quienes eran y porque fueron asesinados. Un movimiento ciudadano que quiere conocer porque, para que y quienes son los que promovieron una sublevación militar que desangró el país, y le hunde en la miseria económica y cultural durante décadas.
En estos últimos ocho años, hemos asistido a la presencia de un gobierno que parecía se mostraba sensible al dolor de las victimas. Aprobó una ley de memoria histórica, ofreció ayudas para las exhumaciones y la investigación, pero a la vez paralizó iniciativas, y no asumió responsabilidades obligadas. Tuvo diferencias con gobiernos anteriores, pero más en las formas que en el fondo.
Estamos asistiendo al bochornoso espectáculo antidemocrático de ver a significados miembros del Partido Popular, pregonar que no tienen ataduras ni lazos con el franquismo, pero que a fecha de hoy siguen justificando y comprendiendo un golpe de estado que acabó con un régimen democrático. Equiparan sin rubor figuras como la de Mola, Franco o Queipo de Llano, con las de Alcalá Zamora, Azaña o Largo Caballero, para seguir sembrando confusión y veneno sobre aquel momento histórico. Que se mofan públicamente de los familiares que buscan a sus desaparecidos. Decenas de alcaldes no cambian las denominaciones de las calles con nombres de golpistas y asesinos, porque les sigue pareciendo que son un buen ejemplo a seguir para las nuevas generaciones.
En otros países de Europa asisten atónitos a un debate y una realidad que parecía imposible en estas fechas. España, un país que se quiere mostrar como bandera de la democracia. Ejemplo de democracia ¿ante quién?, ¿Ante Chile, Argentina o Alemania, que si han sabido enfrentarse a su pasado sin tapujos?.
A partir de hoy mismo, el gobierno de este país debiera, sin miedo, abrir todos los cauces para la recuperación de las victimas y la investigación del hecho histórico. El poder judicial facilitar y apoyar toda la investigación sobre desaparecidos, y restituir la dignidad judicial de las victimas. Y los muchos militantes y líderes realmente democráticos del Partido Popular, y porque no también del Partido Socialista, imponerse a los elementos no democráticos, que con declaraciones, gestos y apoyos, entorpecen y frenan no sólo esta realidad histórica planteada, si no además el desarrollo de una derecha plenamente democrática, progresista y equiparable a la de los mejores países de Europa.

 
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